jueves, 22 de septiembre de 2016

TIC-TAC


Sobre un tablero de ajedrez (desgastado, sucio) descansan las manos y las piezas.

Tic, tac. Tic, tac. El tiempo corre más deprisa incluso que la dama.

Tic, tac. Un instante. Un movimiento (X, 0 –X, 1) Y jaque mate.

¿Cuán rápido corre el tiempo?

¿Cuánto...? La dama corre, rápida. El peón, y quizás, la dama. ¿Cuánto tiempo tarda un peón en convertirse en dama? ¿No es ello un contrasentido? Tic, tac. Tic, tac. El tiempo vuela (se dice) ¿Vuela como las palomas? ¿Vuela como las moscas? ¿Vuela como...?

Sus manos abandonan quejumbrosas el tablero (sucias, desgastadas) Lentamente. ¡Me enroco¡ (y recuerdo que me sentía protegido, entre la torre y los peones) Un instante. Jaque mate, y sus manos, abandonan, el tablero (¿Dónde quedaron sus manos?)

¿Dónde y por cuánto tiempo quedaron sus manos?

¿Cuánto tiempo dura aquél lugar? (Aquél lugar es, se dice, eterno) ¿No es ello un contrasentido? (¿Y el instante en que su boca respira incluso más rápido que el tiempo, tic, tac, tic, tac, y sus manos rozan –por última vez- la cabellera de la dama, X-0, X-1, y –un instante más- jaque mate?)

Y después, quizás, alguien (alguno de los que...) pronuncie unas palabras para el recuerdo.

“Quizás, si en aquella ocasión hubieras dejado reposar a la dama; quizás, si hubieras adelantado un poco a aquél peón tras el que te escondías;” quizás...quizás...¿quién sabe? Estás ya (¿Por qué no decirlo?) muerto.

¿Vuelas como....? (Sí, ¿por qué no decirlo?)

Un instante, parpadeas, y sus manos reposan de nuevo sobre el viejo tablero de ajedrez (son otras ya las manos, y quejumbrosas, y sucias, y desgastadas; y jóvenes.) (Y alguien dejará reposar sus manos una vez más y, quizás, quizás pronuncie unas palabras, para el recuerdo, que se dice. Se dice: unas palabras para el recuerdo)

¿Qué palabras y qué recuerdo? ¿El recuerdo de una partida de ajedrez? ¡Me enroco y te como la dama¡ ¿No es ello, un contrasentido? ¿No habría, por así decirlo, que distinguir entre “¡Me enroco¡” y “¡Te como la dama¡”? (¿Pero por cuánto, por cuánto tiempo?)

¿Cuánto tiempo pasa mientras uno... ¡se enroca¡? ¿No siente uno la tentación de gritar desesperado que es un instante demasiado eterno? Quizás, languidece.

¿Cuánto tiempo... ¡te como la dama¡? ¿No siente uno la tentación de...?

“¡Quiero que este instante sea demasiado eterno¡” (y languidece)

Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac; tic, tac. Sus manos abandonan (un instante) el viejo tablero; sus manos, el tiempo descansa y (¡no esta vez¡, ¡no esta vez¡)... jaque mate. Me enroco, te como la dama, un instante, jaque mate. Tic...


(Y, quizás, un recuerdo para algunas palabras. Eso es lo que no se dice. Se quedan las palabras y se olvidan, los recuerdos. El tiempo, se dice, vuela.)


(escrito en el verano de 2009)