jueves, 27 de octubre de 2016

BUKOWSKI SAID


You don't know what love is Bukowski said
I'm 51 years old look at me
I'm in love with this young broad
I got it bad but she's hung up too
so it's all right man that's the way it should be

Traduzco. Sonaría así. Tú no sabes lo que es el amor, dijo Bukowski/ Tengo 51 años y mírame/ enamorado de esa pequeña fulana/ lo hice mal pero ella está colgada también/ así que todo está bien, hombre, así es como debe ser.

Se trata de los primeros versos de un poema que Raymond Carver dedica a Charles Bukowski, You don´t know what love is (an evening with charles Bukowski). Desconozco si tal encuentro tuvo lugar. En los relatos, novelas, y poemas de Bukowski no he encontrado ni una sola referencia a Carver. Hay referencias a Céline, a Hemingway, a Hamsun, a los beat, a Lorca, a Shakespeare, una lista de autores inenarrable. Pero no hay ni una sola referencia a Raymond Carver. Llamativo, dado que Carver fue un autor reconocido en vida y Bukowski estaba muy al tanto de todo lo que se movía alrededor. Los motivos por los que decidió ignorarle me son desconocidos. Sin embargo, Carver sí dejó constancia, al menos en el poema citado, de una cierta admiración, o quizás cierto respeto, por la obra de Bukowski. Independientemente de que tal encuentro tuviera lugar o no, el poema permite apreciar los puntos de convergencia y divergencia estéticos entre ambos autores.

El poema gira en torno al amor. En palabras de Carver, Bukowski entiende el amor como locura, descontrol, pérdida de sentido lógico. Utilizando términos kantianos, quizás se pueda concebir el amor como lo sublime. Dios, es hermoso./ Ella dijo que me sacaría los ojos si llegaba/ y me acostaba con otra. Además el amor es aquello que construye comunidad, o aquello que manifiesta la ausencia de sentido comunitario, en un mundo (el nuestro) en el que los valores morales están completamente derruidos. Pero siempre desde ese enfoque de descontrol, ruptura incluso del orden establecido. Tienes que estar enamorado para escribir poesía/ y vosotros no sabéis lo que es estar enamorado/ ese es vuestro problema. Parece existir un hilo conductor entre el amor, la poesía, y la ruptura con los patrones previos, con las estructuras preestablecidas. Y ese punto de descontrol se encuentra en la obra entera de Bukowski, en los personajes que transitan por sus novelas, en las situaciones que narra, incluso en el cauce de ideas que transmite. Borracheras épicas, cárcel, peleas de bar, sexo frenético, violencia, etcétera. Desmesura. En términos nietzscheanos, podríamos hablar de lo dionisiaco.

En cambio Carver tiene otra manera de narrar. Dejando de lado la polémica sobre la influencia de Gordon Lish en sus textos, podemos decir que en los relatos de Carver todo, cada punto y aparte, cada coma, cada palabra, está en el lugar en el que debe estar. El efecto que generan los relatos de Carver es fruto de un control casi matemático del hilo narrativo. Se trata de situaciones en las que nunca pasa nada, pero siempre todo está a punto de pasar. En términos kantianos, podríamos hablar de lo bello. En términos nietzscheanos, de lo apolíneo. El manejo de los tiempos, el ritmo interno, las descripciones, los diálogos, todo está concebido de tal manera que genere tensión, sensación de desmesura, pero en la misma medida en que describe situaciones de la vida cotidiana que no llegan a culminar en el desenfreno que el lector prevé. Tú no sabes lo que es el amor, dijo Bukowski. En la obra de Carver, el amor, o el descontrol, esa ruptura con las dimensiones preestablecidas, nunca llega, pero siempre está a punto de llegar.

Sin embargo, ambos están hablando de lo mismo. Describen un mundo en el que los valores morales se diluyen, en el que el engranaje capitalista pasa por encima de cualquier clase de afección o impulso personal, en el que el sistema absorbe y expulsa individuos a su voluntad, destrozándolos anímicamente. Dos ejemplos.

Bukowski en Un lindo asunto de amor: Miré hacia el interior, y había hileras de hombres ante mesas de madera con martillitos que clavaban cosas en conchas, como conchas de almejas, y rompían las conchas y hacían algo con la carne, y estaba oscuro allí; era como si estuviesen pegándose a sí mismos martillazos y sacasen lo que quedaba de ellos.  



Carver en No son tu marido: Leía los anuncios por palabras. Visitaba la oficina de empleo del estado. Cada tres o cuatro días cogía el coche e iba a alguna entrevista. […] Mañana tras mañana, hacia que Doreen se subiera a la bascula. Al cabo de dos semanas había perdido casi dos kilos. Y una semana después, casi cinco. […] Cada mañana entraba en el cuarto de baño detrás de ella y esperaba a que se subiera a la báscula.


Quizás podamos entender, o al menos imaginar, por qué Bukowski ignora la figura de Carver, y el respeto que a éste le genera el primero. Bukowski parece encontrar una salida, una alternativa, una opción, por arriesgada, loca, y enfermiza que sea. El amor entendido como desenfreno, desmesura o descontrol. Pero Carver no encuentra nada, absolutamente nada. Todo está controlado, todo medido, todo calculado. En realidad no sabemos de qué hablamos cuando hablamos de amor, dice en otra parte. No hay salida. No hay escapatoria. Paradójicamente, quizás Carver sea más radical en su manera de abordar los problemas de la sociedad contemporánea. Para Carver, parece que no hay opciones. No hay lugar para el amor, ni para la locura. Quizás por eso Bukowski no hable de Carver. Y quizás por eso Carver le dedicara ese poema al viejo Chinaski. 

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